La vieja y olvidada lucha de clases

Por Furibundo clasista

( Nota de la Gesta Libertaria )Nuestra organización reproduce en su pagina web reflexiones de sus militantes, muchas de las cuales debatirán entre si, como un intento de fortalecer la discusión ideológica en el seno del anarquismo , los revolucionarios y la clase trabajadora , por lo cual estos artículos no necesariamente reproducen la opinión oficial de la organización y se atiene solo a la posición política de quien lo escribe respecto a los diversos temas. La invitación es a no temer discutir y polemizar, que la discusión política es el sustento de la democracia obrera y directa que anhelamos construir. 

 

Comentarios sobre los artículos “Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario” y “Contra el fetichismo obrero”  de Manuel de la Tierra,  aparecidos en “El Surco” n°24 (Marzo del 2011) y el n° 15  (Mayo del 2010) respectivamente.

 

Hace algunos años aconteció una de las cuantas trifulcas poco fructíferas en la prensa anarquista de nuestra región, que nos hacía recordar las viejas polémicas en la prensa anarquista criolla. Sin embargo, a juicio personal y el de muchas/os compañeras/os, este debate fue desarrollado a punta de falacias, codazos y falsas acusaciones. En el que los unos consideraban a quienes creemos en la lucha de clases como unos fanáticos religiosos, y los plataformistas de “Hombre y Sociedad” a su vez llegaron a calificar a los/as miembros/as del periódico “El Surco” como estalinistas, considerando al plataformismo como la única forma de anarquismo organizado,  además de profesar una creencia devota en el materialismo histórico1

Si bien no nos queremos indicar un supuesto “camino correcto”, sí queremos entregar ciertos elementos para nutrir el debate y apuntar a superar cierta ceguera del anarquismo criollo, que oscila entre el plataformismo asquerosamente reformista, cooptador y electoralista; y el anarquismo auto-marginado que piensa que cualquier cosa  más organizada que él es “plataformista” y “marxista” (Evidentemente, como en todos los lugares del mundo, existen grandes excepciones)

Lo primero que habría que señalar es: Si bien ha existido una hegemonía obstinada de muchos grupos marxistas a través de la historia de colocar la lucha de clases como la única lucha posible y posibilitadora de la revolución,  negando las luchas contra el patriarcado, las luchas contra el racismo y el colonialismo, y la lucha contra toda autoridad; también deberíamos recordar que muchos / as anarquistas fueron clasistas, creyentes en la lucha de clases, tomando posición por la clase trabajadora/explotada; y no por ello fueron marxistas, ni creyeron que las obreras y obreros eran super-héroes/heroínas, ni negaron la lucha contra toda autoridad.

Dicho esto, el compañero Manuel de la tierra del susodicho artículo de “El Surco” pareciera no comprender por qué depositamos nuestra fe en “la clase trabajadora” como rectora en la abolición de las clases, siendo que nosotros no negamos la “conciencia contradictoria del proletariado” (Gramsci), ni afirmamos que la clase trabajadora, es decir la clase que no es dueña de los medios de producción o posee un muy pequeño medio de producción (obrera, campesina, artesanado, capas medias, obrera tecnificada, pequeño campesinado, etc), sea una clase sacrosanta, libre de todos los males: Sabemos de los altos índices de violencia intrafamiliar en las poblaciones, sabemos del narcotráfico y del robo a su propio estrato social (ej: el lanza que se sube a robar a los/as trabajadores/as en las micros), sabemos de los numerosos femicidios, y el machismo y la homofobia galopante entre los cientos de miles de proletarias y proletarios evangélicos, católicos, musulmanes, etc.

Pero ese tipo de batalla, que es una batalla por una contrahegemonía cultural, es de una naturaleza distinta, no por ello distante, de la lucha de clases.  Pongamos como ejemplo el patriarcado: Sabemos que en el patriarcado los principales beneficiados de esta forma de dominación son los hombres, específicamente los hombres heterosexuales; y que las principales afectadas son las mujeres, las trans, las mujeres lesbianas y “los hombres gays” (pondré esto entre comillas dado que hay homosexuales que no se consideran hombres).

Sin embargo, asumir que una persona por el hecho de ser 1) hombre y 2) heterosexual es opresor por esencia, es entrar en una discusión errática: Perfectamente puede haber un hombre, y de hecho hay miles, como los mismos compañeros de “El Surco”, que pueden ser heterosexuales, y no violar a las mujeres, ni toquetearlas en el metro, ni acosarlas con piropos, ni subyugarlas a las tareas domésticas o el cuidado de los/as hijas/os, ni cosificarlas sexualmente, etc. Sobre los privilegios relativos que hay es otro tema a discutir: El hecho de tener, en general, más privilegios que el otro no te hace opresor; eso sería asumir que el profesor oprime al obrero porque gana $300.000 mensuales más que éste, y que a su vez el obrero es opresor del vagabundo, o del cesante, o de cualquiera que viva en condiciones más precarizadas que él.

Acabo de dar la “lata” solo para entregar una afirmación bastante clara, cerrada e invariable a través de la historia del capitalismo: El ser burgués (y no “cuico”, ni el médico, ni el abogado, ni el ingeniero; sino dueño de los grandes medios de producción) hace a una persona, sea negra, blanca, trans, mujer, hombre, etc, opresora por esencia. El ser burgués o burguesa es recibir como “sueldo” la plusvalía de al menos decenas, pero en la mayoría de los casos miles e inclusive cientos de miles de trabajadoras y trabajadores y “pagarles” por su trabajo con una ínfima fracción de su producción.

Dicho esto, el beneficio de la burguesía, los privilegios de la burguesía, están en directa relación con la precariedad del obrero/a. En cambio, los privilegios de “x” persona sobre “y” persona no tienen por qué estar inter-relacionado en todos los casos.

Ahora, si un burgués no hiciera eso. Es decir, pusiera a disposición de la clase trabajadora los medios de producción y no le quitara ni el 1% de su producción, automáticamente dejaría de ser burgués.

Digo esto porque la dominación burguesa tiene un sujeto opresor invariable y un sujeto oprimido invariable: burguesía cagándose a las y los trabajadores. La dominación autoritaria, sin embargo, se puede suprimir mediante el difícil y complejo cambio cultural de nuestras costumbres y formas de actuar. Los hombres pueden dejar de ser machistas (al igual que las mujeres), los blancos pueden dejar de ser racistas, los/as heterosexuales pueden dejar de ser homofóbicos, y así sucesivamente.

Ahora, comprendemos que el oprimido o la oprimida es el principal sujeto que puede acabar con su opresión, porque esto es una verdad básica de la lucha revolucionaria. Sin embargo,  que el oprimido tomen partido por el opresor o que ellos/as mismos/as  reproduzcan el discurso y la cultura del opresor no es nada nuevo en esta sociedad, por milenios, autoritaria.

Son las mujeres y el movimiento de disidencia sexual las encargadas de enfrentar el patriarcado, son los inmigrantes en sus sindicatos y organizaciones combatir el racismo, y en estas luchas se suman muchos heterosexuales y blancos, pero que deben (más bien debieran) siempre ocupar un rol secundario para no cooptar sus espacios. Y por lo tanto, amigo anticlasista de “El surco”, son los trabajadores y las trabajadoras, con sus propios organismos de combate de clases, quienes deben superar a la burguesía y condenarla al basurero de la historia. Es decir, avanzar hacia la supresión de clases apoyándose en las clases mayoritarias, las clases explotadas

Por otro lado, muchas veces me sorprende el anticlasismo, la poca confianza en las capacidades de la clase trabajadora y la falta de posicionamiento clasista de muchas organizaciones anarquistas que se contradicen con su forma de actuar: Muchos y muchas anarquistas pobladoras/es realizan trabajo político en su territorio, levantan centros culturales, hacen talleres en la población para los más pequeños/as y tallarinatas cuando necesitan juntar fondos. Muchos otros trabajan en múltiples formas de propaganda (libros, fanzines, revistas, periódicos) a bajos costos de venta y en lugares de distribución periféricos o céntricos, pero nunca jamás de Plaza Italia para arriba (salvo raras excepciones). Otros/as realizan ferias del libro y encuentros anarquistas y precisamente       ¿en qué territorios? Si mal no recuerdo, el 4to encuentro de la propaganda y libro anarquista fue desarrollado en el mes de octubre del 2015 en la población “Nueva Habana”, en donde se buscaba un encuentro con el territorio y sus habitantes, y donde inclusive la primera charla consistió en la historia de la población, cómo se desarrolló la toma y como pudo autogestionarse relativamente frente a un Estado indolente.

Al observar todos estos hechos, me sorprende que hagan trabajos en la población, donde la mayoría de sus habitantes son de la CLASE TRABAJADORA; que además tengan un acceso económico a sus libros y revistas, es decir, a precios accesibles para la CLASE TRABAJADORA; y para más remate, todos estos grupos “post-izquierda” y “anticlasistas” acepten asistir gustosos a una feria del libro y la propaganda2 anarquista, a precios módicos y en el territorio de que clase? De la pequeñoburguesía de Las Condes y La Dehesa? De las capas medias de Providencia? No, señoras y señores, sino en el territorio de la CLASE TRABAJADORA, aquella clase que según nuestros amigos no podemos depositar nuestra confianza: Puesto que si queremos acabar con las clases, no podemos depositar nuestra fe ni ponerle fichas a una clase, enaltecerla, para suprimir a la otra.

“El inconveniente es buscar una sociedad “sin clases” apoyándose en “una clase” como medio” 3

Ahora bien, estoy siendo bastante agresivo y poco sincero con la información que estoy entregando, puesto que nuestro compañero Manuel de la Tierra ha expresado enfáticamente que

“Aquí no se trata de olvidar el importante papel que cumple la economía en la estructura general de dominación, tampoco se trata de despreciar al pueblo, pues en mi intimo caso, aquello sería repudiar a mi viejo y a mi vieja” 4

Sin embargo, el problema recae siempre en lo mismo; y pareciera que hay muchos compañeros que no logran comprender: Que sostengamos la existencia de la lucha de clases, y que además tomemos partido en ella, no significa negar el intrincado laberinto de autoridad y relaciones de dominación,  tampoco significa negar las luchas contra el patriarcado, el racismo, etc; y para ser enfáticos, tampoco significa que si un vecino borracho golpea a la pareja hay una “cultura burguesa” dentro de su ser, ni que aquello se explica por la “dominación de clase”; tenemos claro que el patriarcado puede existir sin capitalismo y sin clases sociales.

Entonces ¿cuál es el problema? A mi parecer, con el despertar de los “locos años 90”, la caída del muro de Berlín y por supuesto, esa obsesión por autores norteamericanos y franceses de “vanguardia”, han aparecido nuevas corrientes en el anarquismo: El anarquismo posmoderno de raíz norteamericana de fines de los 80’, difundido en las universidades principalmente, y que su principal expositor es el académico “Todd May”; y también el anarquismo post-izquierda, de raíz norteamericana, que tiene como principales voceros  a los “Bob Black” y los “Hakym Bey”, y que penetraron en el imaginario insurreccional de nuestros compañeros/as.

Pues bien, principalmente el anarquismo post-izquierda se caracterizó por lo que nuestro amigo Manuel señaló en su primer artículo de esta polémica: “Contra el fetichismo obrero”, aparecido en “El Surco” n°15, mayo del 2010. “Y a mi entender esto se debe a que no nos hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta, ochenta”. Pensemos, primero, si el anarcosindicalismo y el sindicalismo de los anarquistas y sus primeras federaciones obreras, que abarcan desde principios de 1860 hasta fines de 1960, eran de naturaleza, lenguaje, estética “marxista” por el hecho de, mayoritariamente, creer en la lucha de clases y por lo tanto, tomar posición por las clases trabajadoras/explotadas . Eso además sería afirmar que la mayoría de los anarquistas eran marxistas, dado que todos esos grupos marginales de fines del siglo XIX y principios del XX que hoy en día les dan bola (anarco-individualistas, anarquistas expropiadores, anarquistas de acción por la propaganda, tolstoyanos) eran una minoría insignificante frente a las moles de granito del anarcosindicalismo ¿Acaso Marx, Engels, y los horrendos leninosos fueron los únicos en acuñar estos términos? ¿Acaso no podemos utilizar sus análisis, ni los análisis de los Comunistas de Concejos Holandeses-Alemanes (que se acercan bastante al anarquismo a nivel programático) por el solo hecho de ser marxistas?

Pues bien, los anarquistas “post-izquierdistas” llegaron a la misma conclusión que los curas:“Marx es malo”. Por lo tanto, como “Marx es malo”, hay que deshacerse de toda su fraseología: Reemplacemos el trabajo por abajo el trabajo, la lucha de clases por la “guerra social”, y dejémonos de pensar en la revolución social ¡por favor!  ¿O acaso no han leído a Lyotard y su crítica a la teleología en la Historia?  ¿No se han dado cuenta que la teleología cristiana es idéntica a la marxista?

Nadie está apelando aquí a un pensamiento avejentado, ni  a tomar los escritos de Bakunin o el materialismo histórico como Tablas de Moisés.  Pero esa obsesión notoria de muchos compañeros de tomar lo primero que cae del pos-izquierdismo e instalarlo como “actualización del anarquismo” y “aplicable a nuestra realidad” me parece un exceso. Además, es cosa de comparar el enorme desarrollo teórico de la lucha de clases con los dos o tres textos insurreccionales sobre “Guerra Social”, donde se relativiza todo y hasta “tu amigo/a puede ser tu opresor/a ” 5, para darse cuenta que no es una superación de una teoría, ni el remplazo de una teoría por otra, sino un prejuicio quizás justificado por el horrendo autoritarismo del marxismo-leninismo, y también por el viraje social-demócrata del plataformismo.

Deberíamos tener en cuenta algunos hechos al negar la lucha de clases y la esperanza en los/as trabajadores/as …. La Comuna de Paris, los concejos de fábrica de Rusia, Alemania, Holanda, Italia, Argelia; las principales huelgas generales en América Latina a principios del siglo XX, las grandes revoluciones, la insurrección de Asturias de 1934 y la Revolución Española de 1936, la huelga de la chaucha en Chile en 1949, las grandes insurrecciones del 68-70 en Francia e Italia, la gran insurrección zapatista de 1994 y actualmente la revolución de Kurdistán y la Huelga General en Francia que es una de las más grandes en su historia…. ¿Son procesos poli-clasistas? ¿lo son? ¿son la lucha de “los que quieren ser libres” por los que “de una forma u otra se oponen a la libertad”?

Lo primero que debiéramos responder es que es matemáticamente imposible que una revolución no la impulsen los trabajadores y las trabajadoras, más allá de las contrarrevoluciones o burocratizaciones que se concatenen después; dado que la revolución la hacen las grandes mayorías, y las grandes mayorías siempre serán los trabajadores y las trabajadoras. Una revolución tampoco la pueden hacer 100 o 200 personas, eso se llama golpe de Estado; y los/as trabajadores/as no pueden ser jamás minoría: Si así fuera, los burgueses serían unos vagabundos que se morirían de hambre. Entonces, ¿Cuál es el gran problema de reconocer que los principales procesos revolucionarios han estado en mano de las y los trabajadoras y trabajadores?

Atentamente, un furibundo clasista que pertenece a la “mesocracia” según nuestro amigo Manuel, dado que es mantenido por un profesor hace 10 años  jubilado                                                      ¡Que enormes los privilegios de las “””””capas medias”””””!

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1.- Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario”, Manuel de la Tierra. “El Surco” n°24, 2011

2.- Con esto no queremos desprestigiar al grupo coordinar de la 4ta Feria del Libro y la Propaganda Anarquista, sino que cuestionar a aquellos grupos “anticlasistas” que, aunque no lo crean, tienen vocación de clase en su actividad política.

3.- “Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario”, aterrizando dos puntos. Manuel de la Tierra, Periódico Anarquista “El Surco” n°24, Marzo del 2011.

4.- íbidem

5.- “Todxs vivimos cotidianamente una guerra, contra el jefe que exprime nuestra productividad, contra el profesor que nos manipula, contra el amigx o conocidx que nos invisibiliza, pero sobre todo, contra nosotrxs mismxs, que nos acobardamos en los momentos de tensión, contra nuestra racionalidad y nuestras costumbres que nos pesan tanto como la extensa jornada laboral” Editorial: Todos los días la guerra social, El Surco n°45, Mayo 2013.

 

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