Sobre conceptos marxistas en el anarquismo y la elaboración de un cuerpo teórico anarquista

José Tomás Marileo 

 

El texto reproducido a continuación fue realizado con ocasión de la publicación de una revista histórica de caracter anarquista , cuyos realizadores pertenecen al colegio Manuel Barros Borgoño y fue escrito por José Tomás Marileo , militante de la Gesta Libertaria.  Nuestra organización reproducirá en su pagina web reflexiones de sus militantes, muchas de las cuales debatirán entre si, como un intento de fortalecer la discusión ideológica en el seno del anarquismo , los revolucionarios y la clase trabajadora , por lo cual estos artículos no necesariamente reproducen la opinión oficial de la organización y se atiene solo a la posición política de quien lo escribe respecto a los diversos temas. La invitación es a no temer discutir y polemizar, que la discusión política es el sustento de la democracia obrera y directa que anhelamos construir. 

Cuando se refiere a la polémica entre marxistas y anarquistas generalmente se acaba por reducir esta dicotomía  al simple uso del Estado como el impulsor de los cambios, terminando la polémica en si el Estado puede ser considerado o no como un obstáculo o un instrumento para la revolución. El reduccionismo de dicha polémica deja de lado una discusión que se ha alargado hasta el día de hoy. Hay una vertiente que propone realizar una síntesis entre marxismo y anarquismo, acudiendo al rescate de la metodología marxista para el análisis de la realidad material, ya que el anarquismo no presenta una propuesta seria o no la ha configurado de manera exhaustiva. ¿Es posible esta configuración de un anarquismo-marxista? ¿Carece el anarquismo de un cuerpo teórico fuerte tanto como para tomar conceptos de una metodología ajena a sus mismos criterios?

Este ensayo constará de arrojar luces a la polémica marxistas/anarquistas desde sus inicios, pero su centro de reflexión será el desarrollo de un anarquismo-marxista principalmente en Latinoamérica y los puntos que más destacan; estos son el Poder popular, el marxismo como metodología y el anarquismo como ética, y la reivindicación de la educación popular propugnada por Paulo Freire. Posterior a esta revisión añadiré una serie de propuestas y recomendaciones con respecto a aportaciones teóricas anarquistas.

 

I – Marxismo vs anarquismo: retomando una vieja polémica

La primera polémica que cierne entre los marxistas y los anarquistas se dan con la publicación del libro Filosofía de la miseria de Pierre-Joseph Proudhon en 1846, este polémico libro del francés vendría a ser una elaboración de un discurso propio, de una dialéctica diferente sin la existencia de una síntesis reparadora del conflicto. Proudhon al entender la dialéctica de Hegel considera la existencia de una pluralidad, de un equilibrio entre fuerzas antagónicas sin ningún principio superior que los sintetice. Al aplicarlo en el terreno social, Proudhon se negaba a aceptar que el antagonismo entre Individuo/Sociedad fuese resuelto por un principio sintetizador como era el Estado, como también el mismo se convirtiera en una ficción irreparable. Apostaba en cambio por la renovación constante de las fuerzas antagónicas, a una constante tensión y contradicción. La respuesta de Marx a la propuesta proudhoniana se publicó bajo el nombre de Miseria de la filosofía en 1847, este reprochaba al francés de la inexistencia de una resolución de los antagonismos sociales, de una dialéctica estéril e inmovilista, además de una serie de calificativos entre los que pequeño burgués (término recurrente en la jerga de Marx y muchos de sus seguidores) es el más suave de todos. Pero Marx olvida, al parecer un par de cosas en su líbelo de apenas 70 (en comparación a un libro de más de 1000 en algunas ediciones).

Proudhon, en Filosofía de la miseria se encarga de buscar un tercer valor además del valor de cambio y el valor de uso, elaborando el concepto de valor constituido, que es necesariamente el valor social determinado a través de las horas trabajadas. En la misma obra (Miseria de la filosofía) se van presentando argumentos los cuales posicionan a Marx en el lado contrario de Proudhon solamente para presentar la crítica, que en su obra más conocida El Capital rechazará y se verá forzado a estar de acuerdo con el francés en temas como la utilización de la tecnología en la economía y su efecto negativo, aunque no reconoce su error en ningún momento. La base de la crítica de Marx es que Proudhon no utiliza la dialéctica hegeliana en su análisis, aunque, como expliqué anteriormente, no es ese tipo de dialéctica la que utiliza Proudhon sino una propia.

Esta polémica, más filosófica y teórica, nos da paso a una polémica en el campo de lo político. Es conocido en el sector anarquista y marxista la constante polémica que mantuvieron Bakunin y Marx. Los anarco-marxistas nos establecen que esta polémica fue de carácter superflua, que no hubo más que una disputa de egos que terminó con la disolución de la Primer Internacional. Lo primero que hay que considerar a rebatir esta afirmación es que no hubo un problema de egos en la Internacional, por parte del anarquismo no hubo una capitanía de parte de Bakunin, porque las mismas federaciones francesas (de inspiración proudhoniana), la jurásica, italiana o española no recibían ordenes de parte de nadie porque dichas federaciones poseían una autonomía bastante determinada. La comandancia de Bakunin no existía, no por nada tanto él como los participantes de la Alianza de la Democracia Socialista no ponen objeciones para disolver dicha organización antes de entrar a la Internacional, hay que agregar que el término bakuninista en tiempos de la internacional jamás existió, ya que se acuñó el término para que funcionase como contraparte del sector marxista. No se puede decir lo mismo de las federaciones de corte marxista como  la inglesa o la alemana que directamente recibían órdenes de Marx, Engels o Lafargue. Para ejemplificar, este último fue mandado por parte de Marx a España con el objetivo de transformar la misma federación en un núcleo marxista sin buenos resultados, para lo cual se valió de estrategias tales como denunciar a ciertos militantes anarquistas a la policía[1].

De esta polémica se desprende lo que generalmente se conoce entre la disputa. La utilización o no del Estado. Haciendo una apreciación personal, se rescata poco o nada de la proposición original de Bakunin frente al centralismo marxista. Se escucha de la abolición del Estado, pero poco y nada de escucha sobre la creación de comités de fábrica, sindicatos horizontales, educación integral para obreros (que tomarían el nombre de ateneos), etc. La destrucción de una sociedad va de la mano con nuevas prácticas sociales, eliminando aquellas basadas en la depredación. Puede ser que la pérdida de estas pinceladas de corpus teórico no se rescaten tanto debido a que Bakunin jamás terminó de sintetizarlo debido a su condición nómada involuntaria, lo que dejó a Guillaume y gran parte de sus compañeros con manuscritos inacabados que de alguna manera lograron recopilar.

Casos como estos se han dado bastante y no sólo como simples anécdotas, sino que agregan más perspectivas a una discusión fundamental a la hora de la toma de decisiones políticas. Sea la discusión Kropotkin/Lenin, la polémica Camus/Sartre o el debate entre Chosmky y Foucault, esta discusión sigue latente.

Dada ya esta contextualización sobre la discusión entre marxistas y anarquistas, es necesario avanzar a los conceptos marxistas dentro del anarquismo, partiendo por analizar cada uno y ver si realmente son aportaciones o retrocesos para el ideario anarquista.

II – Poder popular

En Latinoamérica no es sorpresa que empiece a gestarse una adopción del término poder popular como forma de oponerse al poder hegemónico y construir una resistencia al mismo. Este concepto parte de una visión más heterodoxa del concepto de dictadura del proletariado por una terminología que evoque cada vez menos a la Unión Soviética y al socialismo estatal. Se reniega entonces de dicha terminología por una que resulte menos vomitiva. Como advertencia se nos explica que el poder no ha de ser entendido con la coerción, la dominación o la autoridad sino como una capacidad de hacer. La relación se establece cuando se examinan las teorías pedagógicas de Paulo Freire y encontrar el concepto de empoderamiento, dando una renovación a la visión de la toma del poder como un hecho positivo. Se suma a esta visión de empoderamiento las teorías sobre el poder de Michel Foucault, pensador heredero del postestructuralismo y de una posición en un principio marxista y posteriormente de orientación maoísta.

Remitiéndome al significado de la palabra poder es posible observar que la palabra en el español no posee diferenciaciones muy marcadas, pudiendo tomarse como sinónimo según el contexto en la cual se utilice. La diferenciación se da cuando la palabra obtiene el significado de potestad (potestas) que dictamina la autoridad de una persona a dictaminar, influenciar o dominar un espacio delimitado o a sujetos determinados. El elemento contrario, que muchas veces puede estar ligado al elemento anterior es el de potencia (potentia) que involucra la capacidad de realizar una acción particular, ligada principalmente a la fuerza física como poder mover una silla. En el idioma francés, el mismo Proudhon llamaba y evitaba el confundir el término pouvoir (poder) con el término de puissance (potencia) que sin esta última cada ser vivo sería impotente, inútil e inmóvil. En el inglés la diferenciación es mucho más marcada, ya que existe el can, el might, y el power, pero el español efectivamente carece de dichas diferenciaciones.

Al tener este posicionamiento se acusa constantemente al anarquismo de no hacer propuestas serias en el aquí y ahora. Además se le recrimina de que, al abandonar la concepción del poder popular y negarse a incluirla en sus principios, el movimiento anarquista estaría buscando acoplarse a los intereses del capital y del Estado negando toda capacidad del pueblo de construir un contrapoder, nuevas relaciones sociales, etc. Pero es precisamente la negación de todo poder, vengan de donde venga, lo que el anarquismo siempre ha propuesto no negando la capacidad de nadie, sino negando cualquier poder que se sobreponga a dicha capacidad. No se puede pretender tener el mismo resultado cuando se aboga por un poder del pueblo, Patrick Rossineri lo precisa de mejor manera:

“Los anarquistas nunca propusieron el poder popular, ni el poder para una clase. […] Cuando existe simetría y reciprocidad en una relación social, es porque la relación de poder dejó de existir.”[2]

La proposición del anarquismo para acabar con las relaciones de poder y demás relaciones asimétricas ha sido una posición bastante estructurada. Partiendo por acabar con la desigualdad económica acabando con la especialización, estableciendo el trabajo bajo un libre acuerdo contrario al trabajo asalariado y por jornada. La organización acabando con el Estado dando paso al municipalismo y a un federalismo de libre acuerdo entre productores-consumidores (no productores y consumidores). Acabar con la concepción de familia autoritaria por la unión libre y la crianza en común. Y aún se quedan ideas en el tintero.

Y es precisamente porque deben hacerse las diferenciaciones mucho menos ambiguas en el ámbito político, lo que hace que como anarquistas deba desecharse la idea del poder popular. Por eso mismo el principio federativo es una estricta restricción a la monopolización de la acción política en forma de contrato por parte de un órgano central, apostando por la descentralización de la aplicación efectiva de los acuerdos logrados dentro de dicho contrato político.

 

II – El materialismo histórico

Una de las cosas que establece el marxismo a la hora de analizar la realidad se debe tomar en cuenta cuestiones puramente económicas. No es raro encontrar la proposición de Marx que cambios históricos o procesos como las guerras o las revueltas son producto de meros cambios en los modos de producción. El concepto de la lucha de clases como motor de la historia (las clases como producto económico) no es que no haya sido aceptado por los anarquistas, ya que es un concepto anterior incluso que el socialismo propiamente tal, sino que existe un rechazo a considerarlo como el factor determinante del devenir histórico.

Existen tantas variantes actuando en la realidad existente que empezar a establecer jerarquías de cuál de todas variantes es la que determina el devenir histórico no sólo es una irresponsabilidad sino que es un reduccionismo terrible y un determinismo radical. Una estructura como la economía no puede por sí sola delimitar lo que se considera como superestructura porque dicha estructura no funciona de manera independiente sino que está profundamente relacionada con otras variantes de tal manera que para que los cambios efectivamente se produzcan debiesen actuar a la vez.

Rudolf Rocker, establece uno de estos factores como la voluntad.

“Lo mismo que la teología de los diversos sistemas religiosos aseguraba que Dios lo era todo y el hombre nada, así esta moderna teología política considera que la nación lo es todo y el ciudadano nada. Y lo mismo que tras la voluntad divina estuvo siempre oculta la voluntad de minorías privilegiadas, así hoy se oculta siempre tras la voluntad de la nación el interés egoísta de los que se sienten llamados a interpretar esa voluntad a su manera y a imponerla al pueblo por medio de la fuerza”[3]

La teología jugó un papel importantísimo en el desarrollo económico tal y como lo demostró el sociólogo Max Weber en su obra Ética protestante y el espíritu del capitalismo. En ella Weber desentraña el origen del desarrollo capitalista estadounidense desde una óptica psicológica manifestada en la reforma protestante o el llamado calvinismo. Analizando  las influencias del calvinismo y la ética productivista, Weber señala que se hereda el mismo patrón psicológico de comportamiento en la sociedad norteamericana, una suerte de secularización de la ética propagada por el calvinismo la cual se podría resumir en trabajar más y más para asegurarse una recompensa (el cielo, el ascenso laboral, etc.).

En su momento Bakunin realizó una serie de objeciones al materialismo histórico destacando principalmente la voluntad de un movimiento para realizar cambios político-económicos en determinado momento. Bakunin falsea la teoría marxista destacando como ejemplo el levantamiento de los anabaptistas conocido como La Guerra de los Campesinos (1524 – 1525). Para consultar mis postulados apelo al lector a remitirse al texto La Internacional y Karl Marx, la versión de Sam Dolgoff para el libro La anarquía según Bakunin (Bakunin on Anarchism) añade un pequeño párrafo que aclara la idea propuesta por Bakunin.

Tomando la misma posición que Bakunin, Gastón Leval desarrolla una interesante propuesta de interpretación libertaria de la historia para hacer contrapeso al materialismo histórico. En El Estado en la historia, Leval da un repaso general y exhaustivo del auge del Estado por distintos períodos de la historia mostrando una visión del mismo como un ente improductivo y que busca cada forma posible de perpetuarse en el tiempo. Agrega además la idea de un engaño, de una ficción sobre el orden que perpetúa este estado de servidumbre voluntaria.

 

III – Fragmentos de un cuerpo teórico anarquista

Retomando la pregunta inicial ¿Existe un cuerpo teórico anarquista para servirse a la hora de realizar análisis o necesitamos utilizar herramientas de escuelas externas? Mi proposición en el título emula mucho a la proposición de David Graeber en Fragmentos de una antropología anarquista y es precisamente el objetivo. No existe un cuerpo teórico anarquista que haya sido sistematizado de manera exhaustiva, existen de él fragmentos dispersos que han servido a más de uno a configurar un análisis o teorías en esa dirección. Y necesariamente la idea de no realizar un corpus teórico no es del todo negativa puesto que contar con el mismo de manera rígida conduce directamente al dogmatismo.

Esta proposición debe tomarse con sumo cuidado, esencialmente porque no es una propuesta que pretenda ser la única y santa verdad del anarquismo y llevar a un cisma entre las distintas interpretaciones del mismo. Los desafíos de un cuerpo teórico anarquista, en cambio, serían complementar todo análisis que se haga en base a la perspectiva anarquista con una serie de autores que hayan hecho un aporte además de rescatar ciertas perspectivas que se han ido dejando de lado más por falta de conocimiento de las mismas que por una superación. Recomiendo además, en un apéndice, una lista de lecturas que me han parecido bastante constructivas.

Empezando con el arte podríamos centrar nuestra atención en Herbert Read quizás por ser el autor anarquista que más reflexiones le dedicó a este tema llegando incluso a desarrollar una teoría pedagógica propia en torno al arte. Hace poco ayudé en la publicación de su libro La redención del robot, pero sin dudas el que más recomiendo para aquel que planee esbozar un estudio o una teoría sobre el arte es La educación por el arte, además podría recomendar Al diablo con la cultura y demás libros que este autor escribió puesto que son bastante interesantes. El anteriormente citado Rudolf Rocker en su libro Artistas y rebeldes realiza una revisión exhaustiva del arte bastante recomendable. Recomendaría también el libro de Proudhon Sobre el principio del arte y sobre su destinación social pero no existe una traducción en español y básicamente lo que he leído del libro es un resumen y ensayo del mismo, sin embargo Jean Marie Guyau realiza una teoría en la misma línea en su libro El arte desde el punto de vista sociológico, a pesar de que Guyau no haya sido anarquista aunque ejerció una poderosa influencia en Kropotkin y Proudhon.

En antropología e historiografía recomiendo leer los trabajos de Pierre Clastres, si se puede ir más allá del libro La sociedad contra el Estado mejor, puesto que contiene grandes ensayos que sería un interesantísimo aporte a cualquier antropólogo. David Graeber quizás el más relevante autor anarquista y su demoledor libro En deuda es la prueba de ello, una desmitificación radical al concepto de dinero como supresión del trueque. Recomiendo sobre todo la obra antes mencionada, Fragmentos de una antropología anarquista. Harold B. Barclay realiza un interesante recorrido en People without goverment, aunque es bastante difícil encontrar alguna buena traducción de su obra. Kropotkin en El apoyo mutuo puede ser bastante provechoso e ilustrativo a la hora de citar ejemplos para apoyar su teoría además de que ser bastante accesible.

Quizás es por no extenderme, pero quisiera terminar este ensayo proponiendo más que nada un par de autores los cuales pudiesen ayudar a constituir un cuerpo teórico bastante sólido y dejar de lado el problema de la ausencia del mismo. Para realizar una crítica sobre la ecología se podría auxiliar con autores como Lewis Mumford, Eliseé Reclus, Piotr Kropotkin (Campos, fábricas y talleres es el mejor ejemplo) o Paul Goodman (Communitas) los mismos pueden ayudar a realizar y documentar una crítica al Estado y el Capital desde el punto de vista ecológico. A esto se podrían agregar aportaciones como las de Bill Mollison en Introducción a la permacultura y de Masanobu Fukuoka en La revolución de una brizna de paja y La senda natural del cultivo, pudiendo resultar una mezcla bastante interesante e innovadora.

Además podría citar autores como el filósofo Michel Onfray que conjuga una postura filosófica tomando ejemplos del anarcoindividualismo y el ateísmo de corte bakuninista (aunque en mayor parte es nietzscheneano). Otto Gross es uno de los autores a los que mayor atención debiese ponérsele si se busca rescatar pensadores anarquistas olvidados. La elaboración psicoanalítica revolucionaria vale la pena examinarla, no por nada el mismo Freud reconoció, en una carta enviada a Jung que Gross era uno de los dos psicoanalistas que podría configurar una teoría original (el otro era Jung), en parte porque Gross reconocía la fuerte influencia de Kropotkin y Stirner (pensadores quizás dispares si se ven bajo una óptica menos rigurosa) además de las primeras elaboraciones de la teoría feminista. Paul Goodman y su re-elaboración de la Terapia Gestalt también podría proporcionar un campo de avance teórico interesante, su redescubrimiento se está llevando a cabo por distintos portales que han rescatado su textos de ediciones pasadas.

Respecto al feminismo y sexualidad es obligatorio remitirse a Emma Goldman y sus distintos ensayos sobre el tema. Sin embargo debiese apoyarse esta visión con otras más. Alex Comfort, Lucy Parsons y Lola Iturbe, que han sido relegados principalmente por la escasa difusión de su material.

Apéndice

Resulta difícil tratar de agrupar muchos de los libros que estoy por recomendar porque algunos abarcan temas tan diversos y dispares, mientras que otros se mantienen solamente en una línea y sin quererlo se dirigen hacia otra. Así entonces, esta lista no sigue un orden específico, aunque sí es necesario que agregue el tema del que trata más una pequeña nota.

  • Campos, fábricas y talleres – Piotr Kropotkin. Economía, ecología.
  • Economía autogestionaria[4] Abraham Guillén. Economía.
  • Anarquía en Acción – Colin Ward. Economía, urbanismo, anarquismo en general.
  • La anarquía según Bakunin – Sam Dolgoff. Política, anarquismo en general.
  • El significado del arte – Herbert Read. Arte.
  • Educación por el arte – Herbert Read. Arte, educación.
  • El Estado en la historia – Gastón Leval. Historia, teoría del Estado.
  • El discurso de la servidumbre voluntaria[5] – Étienne de La Boétie. Filosofía.
  • La gran revolución francesa[6] – Piotr Kropotkin. Historia.
  • Historia del pueblo de Norteamérica – Howard Zinn. Historia.
  • Guardianes de la libertad – Noam Chomsky. Política, propaganda.
  • Tres ciudades para el hombre[7] – Paul y Percival Goodman.
  • El hombre y la tierra – Elisée Reclus. Geografía.
  • La sociedad contra el Estado – Pierre Clastres. Antropología política.
  • Investigaciones en antropología política – Pierre Clastres. Antropología política.
  • El Hombre, Dios y el Estado – Anibal D’Auria. Filosofía, teología política.
  • Malatesta, pensamiento y acción revolucionarios – Vernon Richards. Biografía.
  • Summerhill – Alexander Sutherland Neill. Pedagogía.
  • La Escuela de Yasnaia Poliana – Lev Tolstoi. Pedagogía
  • Filosofía de la miseria[8] – Pierre-Joseph Proudhon. Economía política, filosofía.
  • El principio federativo – Pierre-Joseph Proudhon. Filosofía política.
  • Los desposeídos[9] – Ursula K. LeGuin
  • Diccionario del anarquismo – José Peirats. Anarquismo en general.
  • Antimanual de filosofía – Michel Onfray
  • La concepción comunista en la simbólica del paraíso – Otto Gross. Feminismo, psicoanálisis.
  • En deuda – David Graeber. Antropología, economía.[10]
  • Revolución no es dictadura – Luigi Fabbri. Revolución, filosofía política.
  • Dictadura y revolución – Luigi Fabbri. Filosofía política.[11]
  • Esclavitud sexual – Voltairine de Cleyre. Feminismo, sexualidad.
  • Rehacer la sociedad[12] – Murray Bookchin. Ecología.

 

[1] Este hecho lo explica de buena manera el autor de seudónimo Erick Benítez Martínez en el libro La traición de la Hoz y el martillo, en el capítulo dedicado al anarquismo español.

[2] Rossineri, Patrick. El anarquismo contra el poder popular. ¡Libertad! 2011.

[3] Rocker, Rudolf. Nacionalismo y cultura. Editorial Tupac, 1942.

[4] Abraham Guillén, en esencia se nutre del marxismo en el desarrollo del libro, pero es más interesante por los diversos campos que abarca y su modo de presentarlos que por otra cosa.

[5] Dentro de lo posible recomiendo la edición de Utopía Libertaria ya que incluye además una serie de ensayos respecto al Discurso.

[6] La importancia de este libro radica en que se suma como un precedente a la hora de revisar un episodio de la historia desde la perspectiva del pueblo mismo, tal y como después haría Howard Zinn.

[7] El título original es Communitas, la edición en español es difícil de conseguir.

[8] Una de las cosas más curiosas de Proudhon es que quienes lo critican lo hacen a base de lo expuesto por Marx en Miseria de la filosofía, principalmente porque es más fácil remitirse a él que a Proudhon (70 páginas contra 1000, nos da una idea del por qué).

[9] Novela de ciencia ficción donde se plantea el desarrollo de una sociedad libertaria y feminista. Aunque LeGuin admitió que para ese entonces no conocía mucho la obra de Kropotkin.

[10] Graeber es de momento la figura actual más llamativa del anarquismo, no sólo por sus aportes sino por la amplitud de temas que abarca. Un ensayo bastante importante es ¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

[11] Sirve como una suerte de ampliación al primer libro, aunque con casos más concretos e ideas mucho más profundizadas. Ayuda mucho también leer otros ensayos de Fabbri.

[12] La única edición que hay es de Lom. De Bookchin es bueno también leer sus ensayos, recomiendo leer también El límite de las ciudades y Ecología de la libertad que es una visión más amplia de Rehacer la sociedad y abarca temas de una manera más profunda.

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